martes, 19 de mayo de 2015

Si una noche de invierno un viajero



"Te atas el cinturón. El avión está aterrizando. Volar es lo contrario del viaje: atraviesas una discontinuidad del espacio, desapareces en el vacío, aceptas no estar en ningún lugar durante un tiempo que es también una especie de vacío en el tiempo; luego reapareces, en un lugar y en un momento sin relación con el dónde y el cuándo en que habías desaparecido. Mientras tanto ¿qué haces? ¿Cómo ocupas esta ausencia tuya del mundo y del mundo de ti? Lees; no apartas los ojos del libro de un aeropuerto al otro, porque más allá de la página está el vacío, el anonimato de las escalas aéreas, del útero metálico que te contiene y te nutre, de la muchedumbre pasajera siempre distinta y siempre igual. Da lo mismo aferrarte a esta otra abstracción de recorrido, realizada a través de la anónima uniformidad de los caracteres tipográficos: también aquí es el poder de evocación de los nombres lo que te persuade de que estás volando sobre algo y no sobre la nada. Te das cuenta de que se necesita una buena dosis de inconsciencia para confiarse a máquinas inseguras, guiadas aproximadamente; o quizá esto prueba una imparable tendencia a la pasividad, a la regresión, a la dependencia infantil. (Pero ¿estás reflexionando sobre el viaje en avión o sobre la lectura?)"


Si una noche de invierno un viajero
Ítalo Calvino

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